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Las joyas de la familia

February 14, 2016

 

Allá por los 1970, se hizo fuerte una tendencia que sostiene que la literatura clásica para guitarra (quiero decir Sor, Giuliani y varios otros, por si ustedes ignorantes no saben de qué hablo) estaba perimida, porque: 1) no estaba a la altura de Beethoven o Mozart (de Haydn no tenían ni idea) 2) no modulaba lo suficiente, 3) era débil desde el punto de vista formal, 4) todo sonaba igual. De hecho, un artículo en una revista de guitarra (ya, por suerte, difunta) se atrevía a llamar a Sor “Fernando Bore” (Fernando Aburridor). No lo estoy inventando. Hoy en día, esto no sólo continúa, sino que se ha vuelto una especie de pensamiento dominante y aceptado. Es tiempo de PELEARLO. Guitarristas clásicos del mundo, uníos!

 

Está bien, tomemos las objeciones de a una.

 

Comienzo con la segunda. Si la riqueza de modulación fuera el único criterio de calidad, cualquier standard de jazz es mejor que la Ciaccona de Bach, o el primer movmiento del 3er concierto Brandenburgués, o el coro inicial de "La Pasión según San Mateo". Ni hablemos de la “Arietta” del op. 111 de Beethoven, que es básicamente Do y Sol7. Otra que aburrida. Tremendo plomazo, la Arietta. Realmente, estos Bach y Beethoven, no se sabe lo que estaban haciendo. Gente muy poco sofisticada.

Como muchos de los que escribían en revistas de guitarra en esa época realmente venían del jazz o del rock, y tenían muy pocos conocimientos musicales, no es una sorpresa que pensaran esto, pero dudo que se puedan tomar en serio. Es como los que piensan que Rossini era un peso liviano porque no escribió sinfonías, y lo único que conocen de Rossini es un par de arias de "El Barbero de Sevilla". Lo más divertido es que la acusación es básicamente falsa (ver Giuliani op.105 y tantas otras obras, ver Sor Fantaisie Élégiaque y tanto más, ver los Caprichos de Legnani, ver lo que se les cante) pero claro, si uno no conoce las obras que critica, y los lectores tampoco, no hay problema.

Sobre la primera objeción: una pieza debe ser juzgada en sus propios términos. Sor o Giuliani o Aguado o Legnani o Mertz o quien sea no estaban escribiendo porque querían ser Beethoven. No querían ser epígonos. Querían simplemente escribir música buena para guitarra, porque era lo que tocaban. Y en su mejor nivel, están muy bien. Sí, no toda su producción está al máximo nivel, pero también Ludwig van, ya que se trata de él, hizo algunas piezas más bien flojitas (no sé si han oído “La Victoria de Wellington” últimamente). En su momento no eran de ningún modo considerados marginales. Fíjense cómo Berlioz se acordaba de Sor, tantos años después de su muerte, cuando habla de la guitarra en su tratado de instrumentación. Vean las críticas de los conciertos de Giuliani y Legnani. Y los críticos no eran de revistas de guitarra, cerriles ignorantes del ancho y salvaje mundo de la música. Sí, casi todas las críticas, excepto curiosamente algunas de Legnani, decían básicamente “gran músico, miserable instrumento” porque no les entraba en sus blindadas cabezas la idea de que el prejuicio contra la guitarra, que no era considerada capaz de hacer música “seria” era equivocado, y siempre parecía una cosa excepcional cuando se oía buena música tocada en la guitarra. (¿Han releído alguna de las críticas de los conciertos de Llobet o Segovia? ¿Por qué parecería que escribimos en el agua?) Pero aún así, era parte del mundo de la música en serio.

 

Está también eso de “formalmente débil”. No tengo idea de a qué se referiría. Los que tenían un buen dominio de la forma (básicamente Giuliani y Sor, que tenían una buena formación musical extraguitarrística) son comparables a cualquiera de sus contemporáneos y les dan una buena paliza a muchos. Los que no lo tenían, nunca pretendieron componer obras formalmente ambiciosas, y deberían ser evaluados en sus propios términos (Legnani, Aguado). Increíblemente, hasta una pieza tan revolucionaria en lo formal como el op. 25 de Sor, un adiós a la forma sonata digno del último Ludwig van, ha sido malentendida.

“Todo suena igual” – sólo si se toca mal. Si se masacra una sonata de Beethoven, y nunca la oímos antes bien tocada, tampoco va a sonar tan bien. Si le dan a Sor, Giuliani o a los otros la atención que un buen pianista le daría a LvB, créanme, se sorprenderán. Todos ellos tenían un estilo muy característico. Es como decir que todos los libros son iguales porque tienen aproximadamente la misma forma. Miren adentro y verán que no es así. Ahí entran una cantidad de problemas que no voy a mencionar aquí, porque estoy haciendo un trabajo más serio sobre el tema, pero conocer las prácticas interpretativas de la época es fundamental, y tratar de utilizar los paradigmas técnicos de cada compositor también (sí, eran diferentes, porque todos fueron básicamente autodidactas). 

Lo realmente terrible es que aquellos juicios de valor tan negativos y categóricos que mencioné más arriba se hicieron no solamente sin conocer las obras completas; se hablaba literalmente de oídas, al máximo basándose en alguna ejecución, muchas veces mediocre. Y si oían una buena, lo asignaban solamente a que el ejecutante era tan fabuloso que “ casi hizo que me gustara Giuliani” (no estoy inventando, es una cita de una crítica de uno de mis conciertos, y perdón por mencionarla, pero ilustra la tesis). Si encuentran alguna similitud con las críticas de Sor y Giuliani que mencioné antes, no es casual. Los idiotas siguen con nosotros. Moraleja: defender las joyas de la familia. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer?

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